LA MUJER Y LA NIÑA EN LA CIENCIA. #11F2020

El 11 de febrero de cada año, se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia proclamado por la ONU en el año 2015.

Actualmente, en algunos países del mundo, existe una lucha de géneros, donde todavía a la mujer se le niega la participación en disciplinas como la tecnología, las ciencias o las matemáticas, sólo por enumerar algunas.

Las mujeres en la ciencia representan menos del 30% de los investigadores del mundo. En España, las mujeres ocupan el 25% de las plazas de catedráticas de universidad y profesoras de investigación en el Centro Superior de Investigaciones Científicas.

A continuación hablaré sobre mujeres científicas que han aportado grandes cosas y por las que ellas, hoy en día, nuestra sociedad es un poco mejor, aunque aún quede mucho por avanzar:

MARGARET CAVENDISH

Fue una escritora (1623-1673) que ayudó a popularizar las ideas de la revolución científica. Fue una de las primeras en abogar por qué la teología se encontraba fuera de los parámetros de la investigación científica. Como la primera inglesa cosmóloga reconocida, peleó con convicción por la educación de las mujeres y su implicación en la ciencia.

Recibió una educación muy pobre en su propia casa mediante una institutriz de avanzada edad, aunque pronto mostró su interés por la escritura. Margaret Cavendish viajó Inglaterra junto a su cuñado en 1651 para negociar la venta de las tierras de su marido y rápidamente se fraguó una reputación por su extravagancia en el vestir y su excentricidad.  Un año después comenzó a escribir sus propios trabajos sobre filosofía natural (o cosmología, nombre que se le dio hasta el siglo XIX a la ciencia que hoy conocemos como física).

Cuando regresó a Inglaterra, comenzó a estudiar los trabajos de otros filósofos (el término científico no era usado en ese momento) Afirmó que el microscopio que se había inventado recientemente distorsionaba la naturaleza y llevaba a observaciones erróneas.

En ese mismo año Lady Cavendish publicó “The Description of a New World, Called The Blazing-World una novela en la que describe un reino utópico en otro mundo al que se puede llegar a través del Polo Norte. Es la única obra de ficción escrita por una mujer en el siglo XVII, así como uno de los primeros ejemplos de lo que ahora consideramos ciencia ficción. La influencia de esta obra ha llegado hasta nuestros días y este “Blazing World” aparece como uno de los escenarios donde se desarrolla una de las entregas de la novela gráfica “La liga de los caballeros extraordinarios” de Alan Moore.

Finalmente, su salud se deterioró debido a que se automedicaba y murió en 1673 con tan sólo 50 años y con nada menos que 14 obras en su haber. Tal era su prestigio, que Carlos II dispuso que fuera sepultada con honores en la Abadía de Westminster, privilegio que se concedía únicamente a los personajes más relevantes del país.

Haciendo balance de su vida, Margaret Cavendish se sintió orgullosa de su obra escrita y avergonzada de su falta de educación en la infancia, reclamó el tener voz en los asuntos públicos y buscó la fama. Quizá por esto se le atribuyó el insultante apodo de “Mad Madge” (algo así como “Marga la loca”), aunque verdaderamente nunca fue considerada como tal.

HILDEGARDA DE BINGEN
1098-1179 /1180

Fue abadesa de Bingen desde el 1145 hasta 1179 u 80. Autora de varias obras, en ellas se ocupó fundamentalmente, de aspectos teóricos y prácticos de la ciencia, en especial de la cosmología, así como de los animales, plantas y minerales y su relación con el bienestar de la humanidad.

Tras ser silenciada casi ocho siglos, la figura de la mística, poeta, filósofa, naturalista y compositora Santa Hildegarda de Bingen fue rescatada del olvido para manifestarse como una de las mujeres más poderosas e influyentes del medioevo. Con los escritos en posesión del episcopado, Hildegarda dio muestra de su inteligencia y astucia en una jugada magistral. Se dirigió a la persona idónea para la defensa de su causa, Bernardo de Claraval, el monje con mayor influencia en la cristiandad occidental. Contar con su apoyo, suponía, con una alta probabilidad, contar con el del pontificado. En la carta que mandó al monje, le relató sus visiones y le informó del mandato divino de hacerlas públicas. No olvidó resaltar lo enferma que se ponía al incumplir lo que le ordenaba el Señor ni que otro monje ya había dado por buenas las visiones. Bernardo se mostró prudente en su respuesta sin pronunciarse sobre si debía divulgar o no lo revelado. Se limitó a alegrarse de la gracia de Dios que poseía y la exhortó a responder a ella con humildad.

Por lo que a sus obras se refiere, dictó un total de doce libros.

A través de sus textos, la abadesa realizó interesantes aportaciones a la ciencia. A pesar de creer en un origen divino, no pensaba que la creación fuese resultado de una intervención sobrenatural sino de la presencia de los cuatro elementos primordiales que dividió en dos clases, las superiores o celestiales (fuego y aire) y las inferiores o terrenales (agua y barro). Según Hildegarda, ambas clases estaban relacionadas como lo estaban el macrocosmos y el microcosmos. Por ello Hildegarda intentó armonizar la física con la anatomía y la fisiología.

Mostró grandes conocimientos de botánica, medicina y fisiología humana. Intuyó la circulación de la sangre siglos antes de que pudiese comprobarse y realizó la descripción más detallada del orgasmo femenino que se había hecho hasta la fecha. En realidad, todas sus explicaciones médicas sobre el sexo llaman la atención por su realismo.

Es muy destacable que una mujer sin instrucción formal llegase a aceptar que, con independencia del impulso creador, los misterios del cosmos podían explicarse a través de la observación y el razonamiento.

La escasez de medicamentos propició la búsqueda de remedios naturales y al final de la contienda la abadesa Adelgundis Führkötter confirmó la autenticidad de los manuscritos de Hildegarda y el Dr. Hertzka empezó a tratar a sus pacientes siguiendo sus métodos. A partir de aquí, su fama creció y fueron saliendo a la luz sus múltiples facetas.

Santa Hildegarda de Bingen nos dejó un valioso legado en las artes y las ciencias y un testimonio de inteligencia, fortaleza y astucia.

FUENTES:

«mujeres con ciencia»
«mujercie»
«principia»

Patricia Pérez.